Maravillosa tejeda.
Un espacio de magia y misterio donde el rumor del agua descendiendo hacia Canencia es la mejor de las melodías.

La presencia del abuelo de los tejos, del impresionante ejemplar que resiste el paso del tiempo nos hace sentir un poco cómplices y un poco culpables. Cómplices por compartir con él unos instantes de su vida (y nunca mejor dicho lo de instantes, porque nuestra vida comparada con la suya es eso, un instante). Y culpables por tener la sensación de estar interrumpiendo algo, hollando con nuestros pies terreno sagrado, interfiriendo en la escena como malos figurantes de una película eterna.

Y mirando alrededor, más tejos. No tan grandes no tan impresionantes. Pero surgen por todos lados ante los ojos del sorprendido paseante.



Al marchar, caminando hacia el aparcamiento, no puedo dejar de pensar la fortuna que tenemos de poder contemplar a pocos minutos de la ciudad un espacio como éste.

Y siempre me marcho con la idea de volver otro día y, en silencio, con profundo respeto, cuidado y cariño saludar al compañero del puerto.


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Tejo del Puerto de Canencia
Impresionante. Rodeado de su corte de abedules, acebos pinos y tejos. Uno tiene la sensación de penetrar en otro mundo. ¡Y tan cerca de éste! Si tan cerca.
Hoy por fin lo he visto. No ha sido difícil encontrarlo, aunque, como otras veces, también ha sido un poco casualidad. Está bien escondido. Nadie diría que esa mancha oscura del bosque es la sombra tras la que se oculta el anciano árbol.

Es la primera vez que tengo la oportunidad de observar un lugar donde los tejos proliferan en medio del bosque. Acompañados de otros árboles, en el puerto de Canencia conté más de 30 hasta que me cansé de hacerlo. Y justo al final, allí estaba, como dicen los libros cerca del arroyo del Sestil del Maillo; bien oculto; rodeado y protegido. Hasta de mi cámara (me quedé sin pilas).

Lástima del gracioso/a que se entretuvo en dejar en su corteza la muestra de su estupidez. Por un momento no pude evitar recordar de nuevo el estupendo libro de Guido de Mina di Sospiro “Memorias de un árbol”.
Prometo volver y fotografiar exclusivamente la patética señal del prepotente en la serena cara de la eternidad.

Mientras tanto, sirvan las presentes para mostrar un poco del paisaje del puerto y de la majestad del tejo.

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