¿Qué te ha pasado buen hombre? Diría cualquiera que observase la figura del esbelto pino componiendo una curva y recuperando la verticalidad.
¿Que incidencia te ha forzado a superar la sinuosa joroba? Da igual, no me contestes. Tu sigue ahí, al lado de la Casa del Labrador, para que todos aquellos que se acerquen puedan comprobar lo que es tenacidad y resistencia no exenta de orgullo.

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En Aranjuez, en el Parterre del Palacio, al lado del río, podemos contemplar una colección de magnolios de bastante edad, algunos de los cuales podrían calificarse como singulares.



En la monumentalidad del entorno pasan desapercibidos ante la fachada del palacio, la proximidad de la Plaza de San Antonio y el propio río. Además, los cercanos jardíines de la Isla y del Príncipe le restan protagonismo en el mundo vegetal.



Sirva esta página de homenage a tan brillantes y floridos árboles que llenan de verde y blanco el aire de la primavera.


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La pradera próxima a la Casa del Labrador de Aranjuez es muy agradable. Bordeada de añosos cipreses que levantan una pared en el lado más próximo al río, con sauces llorones en el centro y al fondo (o al principio, según se mire) dos vigilantes ahuehuetes de los muchos que abundan por la zona.




¡¡Qué romería haríamos en ella los astures!!

Y en la carretera próxima...una grandiosa y verde escolata. ¡Como para perderse!

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Añoso y retorcido. Con mucho y envejecido tronco a la vista y pocas hojas, pese a ser perenne.

De lejos lo parecía, de cerca casi seguro. Mi prudencia y timidez me impide atravesar el seto, pisar el céspez y observarlo más de cerca, por lo que lo fotografío y me marcho con la duda.

Cuando en casa observo las fotos, no hay duda: ¡es un madroño!

Muy maltratado por el paso del tiempo o de los turistas aunque llama la atención de los viajeros al destacar entre los magnolios del parterre.

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Si queremos ver árboles de verdad, de los que imponen respeto y despiertan admiración, tenemos que ir a Aranjuez, a los Jardines del Príncipe. Desde el Parterre, junto al restaurante la Rana Verde, avanzaremos por la calle de la Reina hasta llegar a la conocida como puerta redonda (en la guía oficial aparece como Puerta de la calle de las Islas o de Carlos III) por donde entraremos en el jardín.

Nada más entrar, giramos a la derecha y nos encontramos con algunos de los ejemplares de plátanos y ahuehutes más impresionantes que he visto. Es bueno ir en invierno, cuando la ausencia de hojas nos permite ver bien los árboles y descubrir su enorme porte. Cuidado con las tortículis.

De los plátanos de este lugar ya hemos hablado y mostrado imágenes en teste blog (ver plátanos del Jardín del Príncipe). Y de los ahuehuetes también (ver ahuehuete del Retiro de Madrid y El año del Ahehuete), pero estos son muy diferentes de aquel del Parterre del Retiro y doblan su altura (probablemente por su juventiz o por su mejor vida).

La sensación es de encontrarse perdido en un bosque de seres gigantescos que desde su altura nos observan con indiferencia.

Y al otro lado de la entrada al jardín, a la izquierda de la puerta, siguiendo el camino marcado por los gigantes vegetales llegamos al Estanque Chinesco y podemos ver dos ejemplars magníficos de la misma especia que destacan sobre el agua y cobijan a los patos con los que conviven.



Una visita muy recomendable.


MÁS FOTOS
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Plátano de sombra (Plátanus x hybrida Brotero
El rey de los plátanos en el jardín del Príncipe y junto a la calle de la Reina. Mucha realeza para una neblinosa mañana de San Sebastián, pero merece la pena.

El que quiera ver el árbol, que se acerque a Aranjuez y podrá encontrarlo cerca de la Plaza Redonda. No tiene pérdida. Y cerca de él, el Plátano Mellizo y el de la Trinidad. Todos ellos impresionantes. Pero el Padre, de más de 230 años es “el árbol”.

El Jardín del Príncipe de Aranjuez no es el lugar más adecuado para distinguir un árbol entre los demás. Como tampoco parece muy acertado el nombre de jardín, que recuerda más bien a los de los adosados. Es un auténtico monumento a la naturaleza. Fue hacia 1772 siendo príncipe Carlos IV cuando empezó a formarse, siguiendo sus instrucciones, este jardín, trazado en parte por Juan de Villanueva y en parte por Pablo Boutelou, que fue el responsable de la plantación de los árboles ahora dos veces centenarios.

Entre todos, destaca la abundancia de plátanos marcando de forma indeleble los paseos, caminos y calles, tanto del interior del jardín como de los alrededores. Acostumbrados a contemplarlos en nuestros parques (de reciente diseño), los plátanos de Aranjuez son impresionantes.

El plátano es uno de los árboles que con mayor frecuencia encontramos en nuestras ciudades. Seguramente es uno de los seres arbóreos más difundidos entre nosotros; curiosamente no aparece espontáneo en la Naturaleza, sino que es el resultado de un cruce entre dos especies muy alejadas geográficamente.

El nombre vulgar de plátano procede del nombre genérico «Platanus», que proviene del vocablo con que le denominaban los griegos y que a su vez tiene origen en «platys» (ancho), aludiendo a la amplitud de sus hojas. Su nombre vulgar produce cierta confusión, pues es el nombre idéntico con que se conoce en España al fruto que en todas las partes del mundo se denomina «banana».
El nombre específico «hybrida» hace referencia al cruce antes indicado de una especie euroasiática (Platanus orientalis) y una especie de América del Norte (P/atanus occidentalis). En el año 1670, por no se sabe qué azares de la vida, coincidieron casualmente los dos plátanos, el oriental y el occidental, y de ahí surgió el híbrido fértil, denominándole entonces Platanus acerifolia, o sea «plátano de hojas de arce». Después los botánicos lo han bautizado con el nombre más correcto de Platanus x hybrida. Algunos botánicos propusieron denominarlo Platanus vulgaris por ser el plátano que de forma más corriente se encuentra en parques y jardines. Y por curiosidad citaremos que algunos botánicos le denominaron Platanus hispanica al creer que el híbrido tuvo su origen en España, lo que no está demostrado.
MÁS FOTOS en invierno pero sin niebla.



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