La puerta de las moreras es una de las salidas habituales de la Casa de campo y la única que comunica directamente con la M-30.
En los alrededores de la rotonda hay un pequeño pinar y algunos pinos aislados de gran belleza.
De esta rotonda salen las sendas habitualmente pobladas de ciclistas y paseantes y que conducen por el camino de Valedeza al puente Colorado, al cerro Garabitas siguiendo paralelamente a la M-30 tomando la segunda pista a la derecha o al arroyo Antequina si dejamos atrás la subida al cerro y seguimos la vía del ferrocarril.
Una buena marcha sería seguir el curso del Arroyo Antequina para girar en el puente a la izquierda hacia el cerro Garabitas y bajar por la carretera principal del cerro para volver al punto de partida.
Algunos olmos quedan en la Casa de Campo.
Algunos supervivientes de la grafiosis que arrasa Europa.
En plena senda medioambiental, en una de las zonas más húmeda de la Casa de Campo, gracias al arroyo Meaques, éstos mantienen el testigo. Puedo recordar que, hace algunos años, no más de 30, en esta zona abundaban los ejemplares y de tamaño considerable. Ahora, resisten unos pocos que esparcen semillas a su alrededor simulando un bosque.
Merece la pena permanecer un tiempo a su sombra y evocar aquellos otros que desde las plazas de los pueblos presidían la vida ciudadana en gran cantidad de pueblos de nuestra geografía.
Aun podemos ver algunos en Nuevo Baztán, en Guadarrama o en el propio Jardín Botánico, por ejemplo, y sobre todo, en la olmeda de Rivas. Bienvenidos sean todos los esfuerzos por su conservación.
En el mes de junio la acacia de Constantinopla (Albizia julibrissin) se cubre de flores de tonos rosas.
Estos ejemplares jóvenes próximos a la caseta de información situada en el Bosque del Recuerdo atraen durante unos días la vista de los paseantes y despiertan su admiración.
El bosque del recuerdo, antigua chopera del Retiro, adquirió su aspecto actual para homenajear y recordar a las víctimas del terrorismo, especialmente las del atentado de los trenes del 11 de marzo de 2004.
Esta planta se encontró primeramente en Irán, pero se extiende hasta China y Japón. Se introdujo en Europa en 1745, al parecer proveniente de Constantinopla, de ahí su nombre común. A veces se denomina mimosa por la similitud de su follaje con el de las verdaderas acacias.
El género Albizia fue dedicado por el botánico Antonio Durazzini al caballero Filippo d'Albizzi, noble naturalista florentino del siglo XVIII, en cuyo jardín se describió la primera especie. El nombre específico julibrissim esel nombre persa del árbol.
Alrededor del Centro de Interpretación Medioambiental de la Casa de Campo hay varias especies muy interesantes.
Los árboles que más destacan son los impresionantes cedros del Atlas que encontramos entre el centro de recursos y el lago.
El cedro del Atlas es uno de los tres tipos de cedros más abundantes en Madrid. Los otros dos son el del Líbano y el del Himalaya. En todos los casos, se han producidos hibridaciones y mezclas que hacen muy difícil diferenciar uno de otros, pero en todos los casos se trata de árboles de hoja perenne, con forma de aguja que, a diferencia de los pinos, nacen todas juntas de un mismo punto y con una madera muy resistente. Puede llegar a vivir muchos años y es un árbol típico de la zona mediterránea, tanto oriental como occidental.
En Madrid, alrededor del Museo del Prado hay algunos ejemplares impresionantes, probablemente los más antiguos de la ciudad. También merece la pena ver los que se encuentran en el Parterre del Retiro madrileño.
Justo al lado del centro de interpretación de la Casa de Campo podemos observar algunos árboles peculiares por su tamaño.
Entre ellos este chopo (Populus nigra), varias veces desmochado que al quedar en libertad ha intentado alcanzar la a altura habitual de sus hermanos.
Lógicamente, los años no pasan en balde y no se crece con el mismo vigor y se conformará con sobrevivir entre el agua y la tierra durante el mayor tiempo posible.
El arroyo de Antequina nace al norte de Húmera, se interna en Madrid procedente del Parque Forestal de Somosaguas en Pozuelo de Alarcón y penetra en el término de Madrid, a través del puente de las Siete Rejas (reja de Sabatini -S.XVIII) , abierto en el muro de la Casa de Campo.
Después de cruzar la parte norte del parque, desemboca aguas arriba del puente de los Franceses en un recorrido de más de seis kilómetros. En su cabecera recibe aportes de la vieja depuradora de Húmera y de la del campus de Somosaguas, aunque en el entorno también hay varios picaderos.
El bosque del Arroyo de Antequina es un ejemplo de soto con árboles de magnífico tamaño; su trazado, sus orillas, su bosque de ribera formado por álamos, fresnos y los últimos olmos sanos que quedan libres de grafiosis. Solo tiene una pega; las aguas que transporta son pobres en oxígeno y con excesiva materia orgánica por lo que se produce el fenómeno de la eutrofización, proceso típico de aguas residuales, turbias y que produce el olor fétido de estas aguas.
Esta parte del arroyo, cercana a la vía del ferrocarril y ya cerca de su desembocadora destaca por su frondosidad y por la presencia de algunos árboles destacables como los fresnos que aquí se ven.
En la Casa de Campo hay muchas zonas donde los fresnos aparecen y con un tamaño considerable. Estos, cerca del arroyo, y en ésta época en la que la hierba primaveral aun es visible, nos hacen olvidar que a menos de 200 metros está la M-30.
Bonita encina del Monte del Pardo, al lado de la carretera y muy cerca de la entrada al recinto del palacio de la Quinta.
No se trata de la milenaria "Encina de las mil ovejas", pero es un gusto contemplarla.
